Test de transparencia

Publicada en http://www.cooperativa.cl el día 13 de agosto de 2017, en el link http://opinion.cooperativa.cl/opinion/politica/test-de-transparencia/2017-08-13/080355.html

 

Son muchos los ciudadanos que alguna vez han debido sortear exámenes sicológicos para postular a un trabajo. Esto porque para una empresa, no basta con el currículum, las referencias o las entrevistas y al candidato se le somete a un exhaustivo escáner que busca determinar si es apto para el puesto al que aspira.

Al parecer, las exigencias para representar a la ciudadanía en el Congreso son más laxas ya que la ley pide que no tenga condena por algún delito y que declare los bienes e intereses que puedan comprometer sus futuras decisiones. ¿Qué pasa acerca de las aptitudes y condiciones del candidato? Bueno, está su experiencia,  las propuestas, el slogan y  el carisma. Y su “ética”.

Como autoridades, nos vemos sometidos a conflictos de intereses, a los vicios del poder, a las malas prácticas que han corroído la actividad política, y no basta un manual o un informe para impedir la corrupción. En ese sentido, creo insuficiente declararse como un ciudadano ético, ¿O usted imagina un candidato que diga que no lo es? ¡Por su supuesto que no!, todos seremos blancas palomas, hombres y mujeres más allá del bien y el mal.

Pero no somos blancas palomas y no estamos más allá del bien y el mal, estamos en el medio. Lo que debemos proveerles a los electores es la información más completa  de quiénes somos para que ellos decidan y voten  en virtud de esos antecedentes, cómo creen nos comportaremos.

Declaremos nuestro patrimonio, expongamos nuestros antecedentes judiciales, difundamos nuestro currículum, pero vayamos más allá y presentemos nuestro test de consumos de drogas, sometámonos a diagnósticos sicológicos. ¡Transparentémonos!

Si usted tuviese un negocio, ¿contrataría un empleado cuyo examen arroja que tiene problemas con la autoridad y las estructuras jerárquicas?

Si a usted le asignan un nuevo jefe, ¿le sería indiferente saber que es narcisista?

Si usted se va a operar, ¿le resbalaría que su médico fuera consumidor habitual de cocaína?

Aunque el nuevo empleado resulte ser un ejemplo de servicio o el jefe sea un paradigma de ecuanimidad y el doctor un maestro de la cirugía, el elector tiene el derecho a saber quiénes eran antes de optar.

¿Somos servidores públicos, éticos y preparados para la responsabilidad que se nos encomienda?

Podemos declararlo majaderamente en carteles y entrevistas, pero ¿podemos demostrarlo con exámenes? Debemos hacerlo ahora.

Yo, a los tests me someto.

Gratificaciones: idea justa, realidad no tanto

Publicada en http://www.cooperativa.cl el día 20 de septiembre de 2017, en el link http://opinion.cooperativa.cl/opinion/economia/gratificaciones-idea-justa-realidad-no-tanto/2017-09-20/082412.html

 

Que la ley refleje las concepciones de justicia de nuestra sociedad debiera ser una aspiración permanente para ciudadanos, abogados y legisladores. Puede entenderse que esto no sea posible en todos los casos, sin embargo, lo que parece inaceptable es que sea la propia ley la que traicione este ideal creando atajos y excepciones. Esto ocurre con las gratificaciones, una buena idea, en apariencia justa, pero que es condenada por la propia ley a ser prácticamente letra muerta.

Según dice el Código del Trabajo, la gratificación es una forma de remuneración que consiste en la parte de utilidades con que el empleador beneficia el sueldo del trabajador. Lo que busca esta norma es que los empleadores reconozcan el aporte que todos los trabajadores hacen a la empresa, beneficiándolos con un porcentaje de las utilidades obtenidas. Detrás de esto, hay una idea de justicia, compartir con los trabajadores y trabajadoras, ganancias que, en principio, corresponderían sólo al dueño.

Así, la ley parte colocando un piso mínimo que todo empleador debería cumplir. Empresas o establecimientos que obtengan utilidades deberán gratificar anualmente a sus trabajadores en una proporción no inferior al 30% de dichas utilidades, lo que será distribuido en forma proporcional a lo que gana cada trabajador.

Es la propia ley, sin embargo, la que un par de artículos más adelante, convierte en letra muerta esta buena idea. El artículo 50 del Código del Trabajo permite a los empleadores acogerse a este sistema alternativo, pagando a sus trabajadores un suplemento de un 25% de sus remuneraciones mensuales. Este porcentaje debe pagarse haya o no utilidades durante dicho ejercicio, sin riesgo para el trabajador.

De acuerdo con las cifras de la ENCLA 2014, sólo un 2,4% de las empresas otorga gratificaciones a través del artículo 47.

Las razones detrás de esto no son difíciles de encontrar. Por una parte, se asegura a los trabajadores un monto predecible como remuneración, mientras que por otra, se reduce el riesgo de repartir montos altos en ejercicios en que haya utilidades.

De esta forma, las gratificaciones dejan de ser un reconocimiento al aporte de los trabajadores en el éxito de la empresa y pasan a ser un ítem más en la liquidación mensual. Esto ha sido internalizado a tal nivel que muchas veces los empleadores se equivocan en la forma de redactar los contratos e incluyen la gratificación como parte del sueldo.

Se pierde con esto no sólo una oportunidad de justicia, sino de involucrar activamente a los trabajadores en los resultados de la empresa, de crear en su interior una comunidad de intereses, que vaya más allá del solo intercambio de trabajo por sueldo.

Terminar con la gratificación garantizada del artículo 50, sin embargo, parece no ser una solución adecuada a un desafío de justicia, comunidad y productividad. Si sólo un 2% de las empresas utilizan el mecanismo de la gratificación “general” es, probablemente, porque el instrumento es malo.

Propongo, por tanto, reformar el sistema de gratificaciones. Debe terminarse, por una parte, con la traición que la gratificación garantizada infiere a la idea de justicia de compartir utilidades, pero debe rediseñarse, también, un sistema que resulte interesante tanto para trabajadores como para las empresas. Un sistema que aporte a la productividad, a la creación de comunidad, y que genere incentivos para que todas las partes se beneficien.

Mirar a las utilidades que efectivamente se distribuyen, revisar la magnitud a asignar a trabajadores, así como la temporalidad para definir la procedencia de la distribución de utilidades, pueden ser elementos a considerar en una reforma.

Asimismo, incorporar elementos de flexibilidad para aquellos períodos en que la empresa sufre pérdidas, que sin causar un perjuicio a los trabajadores puedan liberar en algo la presión del empleador, podría redundar en un involucramiento de los trabajadores en los resultados de la empresa, que incentive el buen trabajo, la productividad, y el aporte de ideas para mejorar.

El crecimiento y dinamismo de nuestra economía depende en parte muy importante de las empresas, en todas sus versiones y tamaños. Es justo, entonces, que el Estado se ocupe de ofrecer reglas que permitan el mejor desarrollo de las empresas, no sólo para sus dueños, sino para todos los que día a día entregan su trabajo y dedicación para que éstas funcionen.

Recambio, no Abolición

Publicada con fecha 05/07/20117 en El Mostrador

“Soy militante democratacristiano… no te apoyo Nicolás, y tampoco lo harán mi esposa ni mis hijos”.

Este mensaje lo recibí una mañana en el foro de mi web, luego de haber publicado una columna a favor del matrimonio homosexual. Para mi contradictor, es de tal grado la diferencia de nuestras posturas que, no bastando con la explicitación de su distancia conmigo, se hace necesario incorporar a su familia y círculo más cercano para contrarrestarme.

Como él, soy democratacristiano, pero en este punto pensamos diametralmente opuesto. Y, es probable, en muchos otros temas. ¿Significa eso que en este espacio político intergeneracional más que diferencias, hay desencuentros? ¿Es necesario desacoplarse de posturas que hoy consideramos descontextualizadas o discriminatorias?

Por el contrario. Estas diferencias sólo invitan a tener más fuerza en abrir camino a nuevas generaciones de jóvenes con experiencia, que, en tiempos de desafección y desconfianza a la política, renuevan la creencia en la vocación por el servicio público, la necesidad de trabajar por un país más justo y digno desde la política, con una mirada ética y de probidad y excelencia.

Recambio, no abolición, desde el diálogo y el respeto. Todos nos sostenemos desde los mismos principios, pero es legítimo divergir en cuanto a su adecuación a los desafíos y demandas de los tiempos actuales.

Recambio, no abolición, desde el diálogo y el respeto. Todos nos sostenemos desde los mismos principios, pero es legítimo divergir en cuanto a su adecuación a los desafíos y demandas de los tiempos actuales.

Valoro enormemente el aporte de nuestro partido y sus líderes históricos cuando nuestro país lo ha requerido, instalando un nuevo modelo de sociedad, enfrentando con valentía a la dictadura, o reconstruyendo el alma de Chile en la transición. Sembraron una nueva mirada, centrada en la persona, más allá de izquierdas y derechas.

Pero no es la DC de los 60, los 80 o los 90 la que se hará cargo de proponer esta nueva mirada para las décadas que vienen; debemos mirar a lo esencial, sin ataduras y plantearnos el desafío de alcanzar la sociedad comunitaria, desde el Chile actual, con nuevas formas, e invitando a quienes hoy están huérfanos de un espacio político que los interprete.

Vivimos una sociedad distinta, Chile cambió, el mundo cambió. Llegó el futuro, y no podemos pretender pensar Chile con los ojos del ayer.

Queremos el poder para servir, es el país el que nos incumbe, y no cuidar grados de influencia. La Democracia Cristiana debe abrir espacios a nuevas lecturas y propuestas.

Buscar un acuerdo parlamentario con partidos con que hemos compartido una visión en la construcción del Chile actual es el principio, pero apuntemos a forjar un nuevo acuerdo país. Las propuestas, vocación de servicio público y fuerza de quienes pertenecemos a las generaciones de recambio son más importantes para el futuro que eternizar la división entre el Si y el No.

 

 

http://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/2017/07/05/recambio-no-abolicion/

Yo estoy por la adopción homoparental

Columna publicada en Cooperativa.cl el 14/06/2017

Yo estoy por la adopción homoparental

por: Nicolás Muñoz Montes

Sobre matrimonio igualitario, así como la adopción homoparental, deberíamos debatir, pero la realidad es que algunos no dan espacio para reconocer la dignidad y derechos de las parejas homosexuales.

Creo en el derecho de todos a que la familia que formen con la persona que aman, sea reconocida y protegida por la ley, y que como sociedad no podemos coartar el derecho de un niño a tener una familia que lo quiera, cualquiera sea la orientación sexual de los padres o madres adoptivos.

Más aún, creo que la iglesia católica, de la cual soy parte, debe abrirse a acoger a fieles homosexuales e invitarlos a vivir el amor, de manera comprometida, dentro de un proyecto de vida en común, que implica el auxilio mutuo y la formación de un hogar, de una familia, que pueda a su vez ser fuente de amor hacia los hijos.

Aquí la pregunta es simple, ¿con qué argumento se puede hoy sustentar que un ciudadano no tiene los mismos derechos que otro solo por su condición? En mi opinión no existe  ninguno que no corresponda a visiones sesgadas por concepciones religiosas y contextos culturales discriminatorios.

La verdad es que algunos no quieren enfrentar el debate del matrimonio homosexual y la adopción homoparental. Hay quienes no reconocen la igualdad de derechos y dignidad de ciudadanos de distinta orientación sexual y, desde ese lugar, se han empeñado en trabar el diálogo y disfrazar su actitud discriminatoria con falacias y propuestas intermedias.

Más aún, los opositores a la ley de matrimonio igualitario, anunciada por la Presidenta para que ingrese durante el segundo semestre de este año, han tratado incluso de elevar a nivel constitucional el requisito de diferencia de sexos en el matrimonio.

La derecha conservadora, en el fondo, intentará esquivar el debate y no reconocerá que su visión es inmutable: los homosexuales no tienen el derecho a casarse y no pueden adoptar porque no son iguales y no tienen la misma dignidad ni categoría. Ellos les niegan sus derechos.

Hemos escuchado de representantes de la UDI consideraciones históricas y etimológicas, como si fueran las palabras y no la realidad y evolución de los derechos lo que da contenido a un concepto.

Para enfrentar el debate es preferible sincerar las posturas: la derecha conservadora, que no es toda la derecha, prefiere guiarse por lo que aprendieron desde la cuna – que el matrimonio es  entre un hombre y una mujer – y preservar esas ideas sin alteración alguna.

Por el contrario, otros creemos en que las ideas e instituciones pueden ir cambiando, y que es función de los legisladores interpretar el sentido común y las concepciones de lo bueno y lo malo de una sociedad que evoluciona, y que es justo y  “nuestro deber ético” asegurar la dignidad de todos.

 

http://opinion.cooperativa.cl/opinion/politica/yo-estoy-por-la-adopcion-homoparental/2017-06-14/154631.html

Exijo mi pago

Columna publicada en Cooperativa.cl  el 27/06/2017

Exijo mi pago

por: Nicolás Muñoz Montes

Cuando cualquier chileno incurre en un atraso al pagar sus deudas se le castiga su morosidad con intereses y gastos de cobranza. Si al ciudadano de a pie se le exige cumplir con sus obligaciones, ¿por qué la gran empresa no debiese estar sometida a las mismas reglas?

Las micro, pequeñas y medianas empresas generan prácticamente el 50% del total de trabajadores dependientes de nuestro país.  Pese a su rol, para  nadie es novedad que las grandes empresas – facturación sobre  $22.000 millones – imponen a las Pymes sus  condiciones.

Uno de los ejemplos más ilustrativos es  el pago de sus facturas en plazos que pueden llegar abusivamente hasta los 180 días. Las Pymes, en la gran mayoría de los casos, se ven obligadas a aceptar esas condiciones  ya que no pueden arriesgarse a perder a sus grandes clientes o los canales de comercialización de sus servicios o productos.

Pero mientras las Pymes perciben los ingresos de sus facturaciones en plazos de hasta 180 días, deben cumplir sus obligaciones tributarias y  laborales cada 30.  Así, se les produce una falta de liquidez que deben enfrentar recurriendo a mecanismos como los factoring que les adelantan el monto de sus facturas, pero aplicándoles tasas de descuento. Incluso, se ha llegado al extremo del abuso, a través del sistema “pronto pago”, donde las grandes empresas ofrecen ‘adelantar’ el pago de las facturas que ellas mismas adeudan, pero también con un descuento.

Es urgente aplicar medidas que tiendan a  “emparejar la cancha”, subsanando las asimetrías entre empresas.

Proponemos la consagración legal del interés máximo convencional a los montos facturados que no se paguen dentro de los 30 días siguientes a la fecha de recepción de la respectiva factura, no negociable, asignándole un costo a este “préstamo” obligado.

Creemos también que se debe limitar el acceso al crédito IVA solo respecto de facturas pagadas. Actualmente nos encontramos ante el absurdo de que una empresa que paga las facturas a su proveedor en 60, 90 ó 120 días, tiene derecho a crédito IVA al mes siguiente al cual registró tales facturas en su contabilidad. Es decir, el Fisco de Chile otorga beneficios a empresas respecto de obligaciones que no han cumplido.

Debe generarse, además,  un registro público, a cargo del ministerio de Economía, que dé cuenta de aquellas grandes empresas que tienen como práctica comercial el pago de facturas a Pymes por sobre un determinado plazo desde su recepción y, más aún, que tengan sistemas de “pronto pago” al cual deben recurrir sus proveedores si quieren recibir un pago oportuno de sus servicios o productos, tal como la Dirección del Trabajo lleva un registro y publica el listado de empresas que han sido condenadas por prácticas antisindicales.

Si el objetivo es incentivar el crecimiento y generar empleo, no es ético ni justo permitir  prácticas que asfixian a pequeños empresarios y emprendedores, estresándolos cada mes por cumplir sus obligaciones tributarias y laborales porque la gran empresa no ha cumplido la principal: pagarles su trabajo.

 

http://opinion.cooperativa.cl/opinion/economia/exijo-mi-pago/2017-06-27/083746.html

Queremos la piscina todo el año

Piscina actual

Hola, soy Nicolás Muñoz y quiero invitarlos a una tarea sencilla.

He planteado varias veces como concejal que se vea la posibilidad de ampliar la capacidad para atender a personas que quieren hacer natación, extendiendo el uso de la piscina exterior del Club Providencia a todo el año. Para eso, por supuesto, hay que techarla y climatizarla.

Además del propósito deportivo evidente, una piscina de estas características permitirá expandir el uso en el tratamiento de enfermedades y condiciones de discapacidad. Como concejal, he abogado durante el período para asegurar cupos y tarifas especiales para personas que requieren la piscina por indicación médica.

Hasta ahora, ni la Municipalidad ni el Club (que es la institución responsable),  han podido avanzar en un proyecto de este tipo, seguramente por tener otras prioridades.

La invitación es, entonces, a que ayudemos a cambiar esas prioridades. La movilización de muchos vecinos ayudará a demostrar que es un proyecto querido y viable.

Inscríbete en el formulario de abajo e incluiremos tus datos en la petición que entregaremos al Club Providencia y a la Alcaldesa.piscina techada

Saludos,

Nicolás